Vaper y vapeo Blog El tabaco pierde fuerza: más de 200 millones de personas usan alternativas sin combustión

El tabaco pierde fuerza: más de 200 millones de personas usan alternativas sin combustión

El panorama está cambiando. Pese a que el cigarrillo convencional lleva décadas siendo la principal fuente de consumo de nicotina en el mundo, cada vez más parte de la población adulta decide cambiar sus hábitos de consumo y utilizar alternativas como los cigarrillos electrónicos o vapeadores, el tabaco calentado, el snus o las bolsas de nicotina. Y es que según el informe Global State of Tobacco Harm Reduction 2026 (GSTHR), elaborado por Knowledge·Action·Change, más de 200 millones de personas en todo el mundo utilizan actualmente productos de nicotina sin combustión.

La cifra ayuda a entender hasta qué punto está cambiando el mercado de la nicotina. Y es que, mientras el consumo del cigarrillo tradicional pierde fuerza en determinados países, otras alternativas siguen aumentando su presencia.
 

Menos cigarrillos, más alternativas: dos tendencias que coinciden

Uno de los datos más llamativos del citado informe es que el mayor uso de alternativas sin combustión coincide con una reducción del tabaquismo en 28 países analizados. El propio GSTHR habla de un proceso de sustitución del tabaco de combustión por alternativas sin combustión, una tendencia que algunos medios han bautizado como "efecto tijera": una línea desciende mientras la otra aumenta.

No obstante, hay que matizar que ambas tendencias produciéndose al mismo tiempo no implica necesariamente que una sea la causa directa de la otra. La evolución del tabaquismo depende de múltiples factores (políticas fiscales, restricciones en el consumo, campañas de prevención, programas para dejar de fumar, cambios en las preferencias de los consumidores, etc.), pero sí queda muy claro que el consumidor adulto de hoy dispone de muchas más opciones que hace algunas décadas.
 

Vapeadores, tabaco calentado y bolsas de nicotina: ¿qué cambia frente al cigarrillo?

La diferencia radica en la combustión.

Al fumar un cigarrillo convencional, el tabaco se quema y genera humo. En cambio, los vapeadores utilizan un líquido que se calienta para producir un aerosol, mientras que los dispositivos de tabaco calentado funcionan calentando el tabaco sin llegar a quemarlo. Otras alternativas como las bolsas de nicotina o el snus, por su parte, no requieren inhalar ningún tipo de humo.

Esto no significa que estos productos sean inocuos, ni tampoco que todos tengan el mismo perfil de riesgo. La nicotina puede generar dependencia, y las alternativas al cigarrillo también presentan riesgos y exposiciones que deben tenerse en cuenta. Pero la cuestión que plantea el debate sobre reducción de daños es, precisamente, si productos con diferentes características y perfiles de exposición deberían recibir exactamente el mismo tratamiento que el cigarrillo de combustión. El informe GSTHR muestra que existe una diferencia muy significativa entre los riesgos asociados a la nicotina y buena parte de los daños derivados de la combustión del tabaco.
 

El número de vapers también crece

Dentro de este cambio de hábitos, el vapeo ocupa un lugar especialmente relevante.

Una estimación publicada en Global Epidemiology calcula que cerca de 129 millones de adultos utilizaban dispositivos de vapeo con nicotina en 2025 (estimación mundial condicionada por las diferencias en disponibilidad y calidad de los datos de cada país). Esto ayuda a explicar la expansión de los vapers y de todo un mercado alrededor del vapeo. Desde dispositivos recargables hasta vapers desechables, la oferta se ha diversificado enormemente en los últimos años.

Para quienes buscan información sobre estas categorías, términos como vapeadores, vapers o vapeo han pasado de ser conceptos relativamente minoritarios a formar parte del vocabulario habitual de millones de consumidores.
 

La percepción del riesgo, uno de los grandes obstáculos

Uno de los principales problemas que sigue vigente acorde a toda esta transformación en los hábitos de los consumidores es que sigue existiendo mucha confusión, e incluso desinformación, entre conceptos diferentes.

La nicotina, por una parte, es una sustancia adictiva. Pero los mecanismos mediante los que puede administrarse son muy diferentes. No es lo mismo inhalar el humo producido por la combustión de un cigarrillo que utilizar una alternativa sin esa combustión. Y, aunque esta distinción no convierte automáticamente a las alternativas al cigarrillo en productos libres de riesgo, la diferenciación entre combustión y no combustión debería ser uno de los ejes centrales en los debates actuales, al igual que cómo comunicar los riesgos de cada categoría sin simplificar en exceso el problema.
 

Europa y el resto del mundo afrontan un debate regulatorio cada vez mayor

El crecimiento de estas alternativas también está teniendo, por su parte, consecuencias en el terreno legislativo. Según los datos recopilados por GSTHR, en marzo de 2026 aproximadamente un tercio de la población mundial vivía en países donde todos los productos con nicotina considerados por el informe como de "menor riesgo" estaban prohibidos, mientras que los cigarrillos tradicionales seguían siendo legalmente comercializables.

Esta situación plantea un dilema regulatorio complejo, puesto que cada gobierno debe decidir cómo abordar productos muy diferenciados entre sí (vapeadores, tabaco calentado, bolsas de nicotina, snus, y nuevas y futuras categorías) y no todos los países están siguiendo el mismo camino. Algunos han optado por permitir determinadas alternativas dentro de un mismo marco de regulación, mientras que otros han endurecido todavía más las restricciones o directamente han prohibido algunas categorías. El resultado, a día de hoy, es un mapa internacional muy desigual en cuanto a consenso sobre cómo regular el cigarrillo convencional y sus alternativas.
 

Un mercado de la nicotina que ya no gira únicamente alrededor del cigarrillo

Los datos del presente 2026 reflejan un cambio en los consumidores muy difícil de ignorar. Más de 200 millones de personas utilizan productos de nicotina sin combustión, y en muchos países este crecimiento coincide con descensos en las tasas de tabaquismo. Esto no permite afirmar con rotundidad que los vapeadores u otras alternativas sean responsables por sí solos de la caída del consumo de cigarrillos, pero sí demuestra que la forma de consumir nicotina está cambiando.

La discusión está, pues, cada vez más centrada en cómo deben regularse todas estas alternativas al cigarrillo, cómo debe informarse de sus riesgos y qué papel pueden desempeñar en adultos que todavía fuman en la actualidad. Será en los años venideros, con la evolución de los consumidores, la evidencia científica y las decisiones de cada gobierno, cuando se determine hasta dónde llega esta transformación del mercado de la nicotina.
 

Fuentes: Knowledge·Action·Change, The Global State of Tobacco Harm Reduction 2026: A Situation Report; Jerzyński T., Mzhavanadze G., Stimson G.V., Estimation of the global number of nicotine vapers in 2025, Global Epidemiology, 2026.

 

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